
Huir de la soledad, de tus manos frías, de tu boca viperina.
Huir, huir como las moscas y se muy bien que aunque procure olvidarte la soledad mas grande será cuando recorra solo, aquellas calles que nunca transitamos, pensaré seguramente que estoy acabado, que todo es un engaño, que la realidad es un pedazo de vidrio negro donde todo lo que refleja está distorsionado.
Y cuando mi pecho se endurezca dejaré que corra el llanto y correré, correré al campo como un desesperado, abrazaré un árbol, lo estrecharé tanto aunque sea un instante y el dolor lentamente habrá emigrado como la noche cuando el sol aparece, a un mundo aparte donde reina el desconsuelo y el espanto.
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